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Como una caja de sorpresas: Cucunubá

Cuna de famosos personajes de la vida colombiana como Jorge Eliécer Gaitán y Pedro Gómez Barrero, Cucunubá tiene además de su atractivo turístico una rica pero poco conocida historia.

Por Julia Brociner

Quien visita por primera vez, Cucunubá y sus alrededores se llevará una serie de agradables sorpresas. La población sorprende por su localización, (semi-escondida, lejos de la carretera principal que lleva a Ubaté), por la conservación de la arquitectura colonial de sus casas, por su linda plaza principal y por la belleza de su entorno.

A Cucunubá se llega desde Bogotá por la vía a Zipaquirá. Es una hora de viaje a través del típico paisaje sabanero. En materia de turismo, la región ofrece muchas y de nuevo sorprendentes posibilidades porque puede visitarse la laguna del mismo nombre, situada a solo 10 kilómetros de la población; pueden hacerse recorridos a caballo o en bicicleta, y para los amantes de los deportes extremos, los cerros y los caminos destapados son ideales para el montañismo y para el motociclismo.

De sorpresa en sorpresa

Empezar a conocer Cucunubá y sus alrededores es ir de sorpresa en sorpresa. Parte de su desconocida historia es el hecho de que Pueblo Viejo, una de sus veredas, fue el primer asentamiento chibcha que  encontró Gonzalo Jiménez de Quesada al llegar al altiplano.

En este sitio han sido hallados numerosos objetos chibchas y en la llamada Loma de Jumula, aún pueden verse jeroglíficos presumiblemente de la era precolombina. Además, en el Cerro de Guala han sido descubiertos caminos construidos por los indígenas y túneles que atraviesan la cordillera. Todo lo cual constituye una verdadera aventura para los visitantes.

Y como si fuera poco, en la vereda de Alto de Aire, existe la “Cueva del Mohan”  en donde, según una leyenda, en el fondo de un pozo de agua hay una esmeralda muy grande.  La misma leyenda reza que nadie se ha atrevido a sacarla porque tiene un hechizo según el cual, las aguas de la laguna se enfurecerían e inundarían todo el lugar.

Cerca de la misma, está la “Loma de Esmeraldas” llamada así, porque de acuerdo con la leyenda, cuando llueve, ruedan las esmeraldas. Se dice que por allí ha sido visto el Mohan ¡secando esmeraldas y monedas de oro! Claro que si no se tiene la suerte de encontrar tesoros, pues vale la pena recorrer la cueva porque es tan profunda que llega a la laguna de Suesca.

A todo lo anterior hay que agregar que a 12 kilómetros, en la vereda de El Ruhr, (nombre dado por un ingeniero alemán como recuerdo de su tierra natal), en el límite con Suesca, hay piscinas de aguas termales.

Pero, las razones para visitar la región no paran ahí. La experiencia única  de recorrer los antiguos “caminos reales”, entre ellos, el camino a la  Estación  El Crucero que conducía a Suesca y Chocontá, el cual se dice, fue la ruta tomada por Gonzalo Jiménez de Quesada para continuar hacia la Sabana, constituye una más.

Como ya se dijo, Cucunubá fue testigo de la llegada de los primeros conquistadores españoles a la Sabana y en diferentes ocasiones sus pobladores tuvieron que librar duras batallas contra los invasores. Dentro de esa lucha, uno de los episodios más cruentos ocurrió en 1541 cuando luego de una larga resistencia para protestar contra el atropello de los conquistadores y el maltrato de los encomenderos, los indígenas de Cucunubá y Bobota decidieron suicidarse colectivamente antes que rendirse ante los españoles. El hecho ocurrió en el Peñón de Sutatausa desde donde estos valientes se lanzaron al vacío.

Como éste son numerosos los episodios de la rica historia de Cucunubá y de las regiones circundantes, que lo tienen todo para encantar al viajero: paisaje, tranquilidad, aire puro y muchas posibilidades de sorprendentes aventuras para un pleno descanso físico y espiritual.

Para alojarse:

La Posada de Don Pedro

Esta antigua casona colonial cuidadosamente conservada, es la mejor alternativa para pasar una tranquila temporada, unos pocos días o para hacer un alto en el camino y disfrutar de su gastronomía.

La Posada tiene cinco habitaciones dobles en el primer piso y dos suites en el segundo que cuentan con salón comedor y alcoba y vista al parque.  Todas están amobladas de acuerdo con las características de la época, pero con las comodidades modernas y una pequeña chimenea.  Como dato de atención especial para el viajero, la ropa de cama así como las toallas están hechas de fino algodón blanco.

Fuente:  “Historia de Cucunubá” del periodista  cucunubense, Luis Castillo Rodríguez.

 

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