Teatro

Saphi, un regalo para los sentidos

Saphi, que en lengua quechua quiere decir raíz, «es una construcción de diferentes épocas de la cultura latinoamericana. Es un viaje por los Andes, por sus colores, texturas y sonidos en busca de reivindicar el papel de la mujer andina en medio de la ritualidad de las diferentes energías que pueden emanar de la tierra», así define Jhon Ángel Valero, el dramaturgo y director de esta fascinante obra de teatro de calle, que se presentó en el parque Santander de Chía.

Y sí, Saphi encantó a ese público que se programó y llegó al parque, y al que también pasaba por allí. Sus personajes, una vez terminada la obra, fueron muy solicitados para la foto por los asistentes que se llevaron también el recuerdo de la belleza y color de su vestuario, la encantadora música, la maravillosa gestualidad detrás de esas elaboradas máscaras y la ternura con que los personajes fueron cautivando a cada uno de los presentes.

Conversamos con Jhon Valero, su director, sobre la obra y la curiosidad que tuve al descubrir que la mayoría de actores, una vez se quitaron la máscara, eran hombres ¿hay alguna razón especial?

Inicialmente fue casualidad, luego fuimos descubriendo una relación de equilibrio entre lo masculino y lo femenino, donde cada hombre tiene múltiples referentes de la mujer, entonces cada actor rinde homenaje a las mujeres vistiendo como ellas y aproximándose a algunas de sus labores cotidianas como el tejido. Sí la obra fuera realizada por mujeres, seguramente sería otra forma de movimiento y ritmo. Es un gusto cuando algunos espectadores descubren hasta el final que en el elenco sólo hay una mujer, y dicen «pensé que eran más mujeres, me engañaron».

Hablemos de los colores, presentes fuertemente en el vestuario…

Quisimos explorar otras líneas estéticas del grupo que venía trabajando monocromáticamente, pero siempre generando una composición de colores que ofrecieran los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire.

La música, también cautivante…

La música de Alexandra Quintero, actriz del grupo, se acerca a posibles ambientes de ritualidad, busca concentrar la atención del público en las acciones y no pretende agotar el oído. En la obra se quiere estimular los sentidos, entonces además de lo visual y auditivo, para el tacto y olfato se entrega aserrín, pero también hay aromas de tabaco, incienso y canela. En últimas queremos explorar esa relación sensorial entre la obra y el espectador.

El vestuario…

Es andino, de Edwin Barrios, con diseño de Alejandro Laverde, actores del grupo. Las telas son de Ecuador y Bolivia.

El montaje…

Es una creación colectiva.

¿Cómo fue su experiencia con el público de Chía?

Un público muy receptivo, abierto a estas propuestas teatrales que transforman estos espacios públicos. Es una forma de acercar la gente a la cultura. En la calle se encuentran también aquellos espectadores desprevenidos que se quedan a observar la obra.

Y encontramos entonces, en el público programado, a Meridiana Sandoval y Alberto León Jaramillo, la pareja de actores y profesores de teatro de la Escuela de Artes Escénicas de Chía, quienes nos comentaron, después de la foto, su apreciación sobre la encantadora Saphi. Para Sandoval, fue «una experiencia de teatro callejero que transporta al espectador a un mundo fantástico a través de la ilusión de estas mujeres sobrenaturales» y para Jaramillo, Saphi «es una obra para disfrutar a través de los sentidos, y a través de este disfrute llegar a la esencia de la vida misma, y si llega la muerte bienvenida sea».

Sí, verdaderamente, Saphi, fue un regalo para los sentidos.

Sobre el Colectivo Luz de Luna

Es un grupo de teatro del barrio Girardot de Bogotá, con 30 años de trabajo, recorrido y experiencia, que se suman a otros proyectos artísticos haciendo de la práctica teatral una plataforma para proponer y desarrollar visiones de mundo.

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